Milei prometió otra Argentina y esto es lo que tenemos
A mil días de gobierno, Javier Milei logró transformar buena parte de las reglas económicas e institucionales de la Argentina, con inflación y déficit en descenso. Pero el ajuste dejó salarios deteriorados, una industria debilitada y crecientes dudas sobre el costo social de la transformación.
Como la princesa Sherezade de “Las Mil y Una Noches”, que contaba un cuento cada noche al Rey para mantenerlo entretenido, Milei consiguió durante estos mil días encadenar la atención de los argentinos con una historia detrás de otra para explicar por qué el país estaba como estaba. Al principio fueron los setenta años de decadencia; después, la casta aferrada a sus privilegios y sus “curros”; más tarde, arremetió contra la comunidad LGBT, el riesgo “Kuka”, los periodistas “ensobrados”, los “mandriles”, etc, etc. y ahora modificando su posición sobre Malvinas.
Los escándalos que involucraron a figuras centrales del oficialismo —desde Adorni y Espert hasta el caso Kueider, las valijas y otras denuncias que fueron salpicando al Gobierno, como el caso $Libra, Scatturice o ANDIS— volvieron a poner en escena prácticas que Milei había prometido desterrar.
El 31% de quienes votaron a Javier Milei en la primera vuelta de 2023 hoy desaprueba su gestión, un grupo que representa al 12% del electorado. Según una encuesta nacional de QSocial realizada en julio sobre 1.539 casos, el desencanto se concentra especialmente en sectores populares y personas con menor nivel educativo y recursos. El ajuste económico aparece como el principal motivo: el 91% de los llamados “arrepentidos libertarios” considera que Milei perjudica a los sectores vulnerables y el 89% cree que el ajuste “no valió la pena”.
El rechazo también se proyecta sobre la continuidad del Gobierno: el 62% de estos votantes cree que un triunfo de Milei sería peor para el país que una victoria del peronismo. A la hora de buscar alternativas, el peronismo muestra mayor apertura, con 40% de apoyo potencial mientras que el centro reúne un 27%. Los datos sugieren que el voto que se alejó de Milei todavía no tiene un destino definido, pero sí evidencia un fuerte cuestionamiento a los resultados concretos de su gestión.
Mil días después, la pregunta ya no es si Milei cambió la Argentina. La cambió, claro que la cambió. La pregunta es si la Argentina que está construyendo podrá transformar estabilización en desarrollo, inversión en empleo, crecimiento en salarios y libertad económica en movilidad social. El éxito de un gobierno debería evaluarse por cuántas personas pueden construir una vida digna dentro del país que gestiona. El verdadero balance de los mil días de Milei no estará escrito en el resultado fiscal ni en el índice de precios: estará en saber si la mayoría de los argentinos termina viviendo mejor después de haber pagado el costo de la transformación.