Al cumplirse un año de la muerte de Francisco, los homenajes y recordatorios que se hacen —en Argentina y en el mundo—hablan por sí solos de la marca que el primer papa argentino y latinoamericano dejó en la Iglesia Católica, pero más allá de las fronteras institucionales del catolicismo en la sociedad internacional en su conjunto.
Así, el hombre que se autotituló como “el Papa que vino del fin del mundo” se convirtió –por sus prédicas y sus acciones—en el mensajero que llegó con sus palabras y sus gestos a los confines del globo. No solo porque totalizó 47 viajes internacionales por 66 países en todos los continentes y recorrió casi 470 mil kilómetros, sino fundamentalmente porque amplió las audiencias tradicionales del catolicismo.